Reinaldo Marchant y Benedetti

por Patricia Gomez

Es curioso, ¿por qué los que más deberían mostrarse, dicen tan pocode sí ?

Lo conocí cuando comenzábamos a realizar las tertulias literarias, junto a un querido amigo poeta, Manuel Andros, él propuso como invitado a Reinaldo Marchant, me dijo, “te va a gustar, escribe muy bien”, no se equivocó, leí parte de su material y me encantó, con el tiempo y despues de su presentación le perdí un poco la pista, como decimos en Chile, luego nos “topábamos” en uno que otro lanzamiento o evento literario, y nuevamente desaparecía, o desaparecía yo, así sucede. Pero la verdad, es que no olvidas a los que son buenos. No olvidas las letras que escarban en la hondura de tu ser, cualquiera sea el material del cual estás hecho. (hay tantos distintos materiales en cada ser humano).

Reinaldo es de pocas palabras, o al menos no de palabras que no tengan un propósito, y ese propósito debe ser interesante y vital para él, debe tener sentido,  ojala moverlo, de otra manera puede tornarse frágil y volátil en su conversación, o sencillamente te deja esa sensación de estar cuando realmente ya no está. Cuesta retenerlo.

Un hombre de mirada fija (cuando algo le interesa), movimientos nerviosos, creo, porque siempre el tiempo le está contando secretos mientras espera que avance el minutero, inquieto. Escribe de todo, y todo lo que escribe es bueno. Estudioso, interesante, buen amigo, leal. Todo eso nadie me lo dijo, lo escuché de las voces que me gritan cuando estoy con alguien y lo veo moverse un poco, hablar otro poco, mirar pa´ adentro del alma, como me decía mi abuela. Y con eso me basta y me ha bastado siempre, la verdad es que nunca me equivoco.

Nos encontramos en el último lanzamiento de un querido amigo en común, le pedí me enviara un biografía, y me envió esto: “Estudió Letras en la Universidad Católica, agregado cultural de Chile en Uruguay y Colombia, es autor de un veintena de novelas y cuentos, articulista y académico.” Si me pongo a hurgar dos segundo en la web puedo encontrar dos o tres hojas de su biografía, y el me envió dos líneas…, es curioso. La humildad entre los que más tienen que decir. Eso me gusta, me hace admirarlos más. Me hace aprender más de ellos. Olvido sus defectos y debilidades y guardo sus grandezas. Comparto algunas fotos que no deben morir en pocos ojos, comparto con Uds. amigos de México y muchos otros países estas pocas líneas de uno de nuestros buenos escritores. Así vamos conociendo a los hombres de hoy que caminan en las letras que no tendrán tiempo. En estas fotos junto a Benedetti, me pregunto ¿qué hablarían este par?, seguramente algo por lo cual uno pagaría por escuchar.

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Comparto un texto de su autoría, antiguo pero no menos entretenido y actual; “Hay Dios, por qué yo no soy Dios”, Reinaldo Marchant.

“Se acerca la fecha de la entrega del Premio Nacional de Literatura. Carreras van. Carreras vienen. Suenan los teléfonos. Llegan correos. Invitaciones. ¡Precisamente ahora, a meses de la entrega del apetecido y desprestigiado premio!.

Curiosamente, los candidatos “justamente ahora” sacan libros. Antologías de sus libros. Libros acerca de sus libros. Tratan de presentarlos “lo más próximo posible a la gran fecha. Para estar vigente. Para sonar en los diarios. Y…en la memoria del jurado.

A diario uno escucha: ¿puedes darme una carta de apoyo?, es para anexarla a la presentación. A la postulación. Nadie sabe si tiene sentido. Aunque, si la piden, es por algo…

Es poco elegante esta carrera. Tiene poco de literaria. ¡Qué va, sin lobby en estos tiempos nada se consigue!, aseguran algunos candidatos menores. Que, se afirma en el medio, son los más peligrosos: tienen “buen olfato”, van por “abajo y en silencio”, por si se da un empate y se recurre a un tercero. Ha pasado aquello en los últimos años.

El Premio Nacional de Literatura se ha convertido en “una deshonra al espíritu creador, dice Armando Uribe. De paso, enfatiza que no quiere enredarse en esa carrera. No le gusta, la desprecia. Es que la obsesión por ganarlo a extremos violentos , como si aquello fuera más trascendente que la obra misma.

– Como nunca, he estado más tranquilo –agrega, liando un interminable cigarrillo. Llevo años encerrado por razones personales, sin salir a la calle. Y mi vida se ha convertido en… Y queda pensativo. Suspendido en una profunda meditación:

Le digo:

– Es una revisión personal?

– ¡Justamente!. Acá, sin más contacto que con quienes me visitan, que por suerte son muchos, y especialmente jóvenes, he podido analizar mis limitaciones, mis defectos, la fugacidad de la vida.

– Alguna conclusión?- lo interrumpo.

– Sí, varias.

– A ver…

– ¡Hay Dios porque yo no soy Dios…!

No insisto.

Es Armando Uribe Arce, 70 años, poeta, abogado, erudito como pocos –maneja el francés e inglés, y mantiene una documentación al día de política internacional. Luchador inalcanzable. Serio, elegante, de alta lucidez intelectual. Hace unos años murió su querida esposa y entonces se recluyó en un agradable departamento, frente al parque forestal.

Allí, renació en él un enamoramiento aún más fuerte por su compañera. Una serenidad que lo asombra a él mismo y una fuerza creativa como pocas veces vista: en los últimos años ha publicado una docena de libros. Poesía, ensayo, historia, y más poesía. Sus opiniones directas, profundas, asertivas, no han dejado mono parado. Es su carácter. El de un poeta que no transa, ni negocia con nadie.

Próximamente, diversos editores, que se lo pelean para editar sus trabajos, lanzarán varios textos suyos, nuevos y antiguos, lo que demuestra su total vigencia.

En esta loca carrera por el Premio Nacional de Literatura, según los entendidos, Uribe es el principal candidato: su obra es de alta excelencia, tiene una vastísima trayectoria y un reconocimiento por parte de la crítica especializada.

– ¿Lo han llamado para lo del Premio? – le pregunto.

– Mucho. Pero no quiero hablar del tema: ¡ha llegado tan bajo!. Siento vergüenza, pudor, hacerlo…

– Lo consideran un candidato duro, difícil, con grandes posibilidades –insisto-.

– Le ruego que cambiemos de tema –responde seriamente-. No quiero aparecer candidateándome para nada. Es muy cansador ese tema, se lo prometo. Y yo, bueno, si hay algo que no quiero perder, es el pudor. La decencia.

El poeta ocupa una sala que da a un amplio ventanal. Desde allí se aprecia el Parque Forestal. Está rodeado de libros. Libros editados en Chile y otros que le llegan del extranjero. Son muchos. De pronto, desde la calle, resuena una cálida música: es el organillero, que se pone debajo –Uribe ocupa el cuarto piso del departamento- en la calle.

Me invita a la terraza, lo saluda y le lanza unas monedas. El hombre agradece, y continúa tocando.

– Son amigos míos –cuenta-. Todas las mañanas hace lo mismo. A veces le mando dinero con alguien.

No sólo llega el organillero. También lo hacen muchos jóvenes que sienten una admiración por su obra. En ocasiones llegan en grupo a verlo. A Uribe le extraña este fenómeno, porque rara vez sale. Rara vez ofrece un recital. O participa de un evento social.

Integrante de la confusa Generación del 50 –no se siente partícipe-, es uno de los pocos poetas que quedan, que escribe y publica. Más aún, ahora tiene más vigencia que hace unos cuatro lustros atrás. Nunca imaginó que en esta etapa de la vida estaría “enclaustrado”, creando, revisando trabajos de muchos años: y contestando a cada momento el teléfono de periodistas y autores que desean visitarlo.

De pronto, recuerda:

– ¿Quiere que le cuente una cosa?. Hace muchísimos años un amigo dijo: “Armando Uribe ha cultivado su viejito de niño”.

Y suelta una risa. A la vez, enciende otro cigarrillo, que lía despacio, a tientas, con esa tranquilidad que muchos no le conocen, con esa prestancia destacada en centenares de entrevistas, y con el misterio que causan aquellos artistas en serio: que están en la cotidianidad de este mundo, pero con su mirada perdida en el horizonte.

¡Cuántos candidatos deben estar temblando!. Quienes saben de literatura tienen un nombre fijo: Armando Uribe. Si la cordura prevalece, las letras nacionales se elevarán con acierto, lucidez, para el bien de la cultura y de los propios poetas: si, de aquellos mismo que hoy corren en busca del apoyo burocrático, sabiendo que frente al Parque Forestal se encuentra el más relevante candidato, aunque, claro, de esto Armando Uribe no quiere perder un minuto en hablar.”

One Comment to “Reinaldo Marchant y Benedetti”

  1. Leí de Armando Uribe algunas cosas en Chile y refresco esta lectura con el link siguiente: http://www.letras.s5.com/archivouribe.htm.

    Chiel es un país de poetas

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