LA MUJER NAGUAL

por chilemexico

Luminoso capullo dotado

de incalculables virtudes,

eres el alma gemela

del único faro guiador.

La ensoñación y el acecho

florecen en ti, tú que esperas

apacible la apertura del atardecer,

impregnada con la magia

y el holocausto del sol.

Y aquí está, el rubor del ocaso

bañado de risas sonoras

con entes de lo eterno

que visitan la tarde

para que el ritual inicie su jornada.

Experta mujer en el arte

que desaparece la forma humana.

Piedra angular de la gran Teotihuacán,

ciudad por excelencia de los dioses.

Maestra sublime en el dominio

de los siete principios

y las tres misteriosas reglas,

atributos necesarios

en el camino del guerrero.

Entonas con claridad precisa

el obligado punto de encaje

en la casa donde se alinean

las emanaciones internas.

La eternidad se encuentra

pasando el umbral

de las líneas paralelas,

donde el águila tolteca

se alimenta del dulce sabor

que expide la conciencia humana,

residencia obligada de los

emancipados seres luminosos

que han descubierto con mérito,

el árbol de la inmortalidad.

Allí se complace la belleza

de la flamante Mujer Nagual,

en medio del espíritu

insondable del multiverso.

Recapitulación, es la esencia

del recuerdo de los mundos

y vivencias que el cuerpo

humano debe tener.

Es la participación en el gran salto

que la razón no acepta

y la fantasía promueve

como su única verdad,

porque el conocimiento allí está

pero sólo para aquellos, los diestros en reconocerlo.

Así es el poder que engendra la cognición:

absoluto, cruel y fabuloso.

Sólo él decide y elige

las reglas obligatorias del camino.

El poder indica al cazador

cuidarse de la presa misma

y lo inicia en la senda

del doloroso y vasto conocimiento,

que despertará el fuego interno

adormecido dentro de la conciencia.

La impecabilidad de la guerrera nagual

ha llegado a su meta.

Paró el mundo con el silencio

de su razón, y de igual forma,

no desconoce las reglas del acecho.

Ha depurado con elegancia

los hábitos del diario vivir,

y de su forma humana,

sólo queda un vago recuerdo.

Su viaje a Ixtlán la liberó

de las cargas del tonal,

y el don del águila

la ha devorado sin ambages,

hasta el fondo mismo e incognoscible

de la inmortalidad.

Así es la quimérica Mujer Nagual:

frágil como la rosa encarnad

que creció junto a las espinas

y las diminutas hojas de la excelsa acacia,

nacida con reverencia

sobre la tumba del tirio Hiram.

De igual manera, es fuerte como la roca,

dulce, suave y eterna

joe

 

como el majestuoso vuelo del águila real.

 

 

José Santana Prado (México). Escritor. Ha colaborado para cinco periódicos de México y tres de Canadá. Fue Vicepresidente de la Agrupación de Poetas Itinerantes Rubén Darío de Valparaíso. 

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One Comment to “LA MUJER NAGUAL”

  1. José, una poesía limpia y tan evocadora del territorio mexicano, sus costumbres, su cultura… bueno, somos paisanos jajajaja

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