Pianista a luz de Luna

por chilemexico

Por Víctor Hugo Salazar Verduzco*

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No necesitaba de alguna otra luz que no fuera de la hermosa y blanca luna. En el rostro del hombre las lágrimas recorrían sus mejillas. Un dedo, y después el otro… Las teclas bajaron y cada una fue emitiendo una nota distinta que se dibujaban en la mente del intérprete. Su ritmo era el más doloso y lamentable, el hombre recorría el teclado como un pintor furioso haría con su pincel sobre el lienzo. El ambiente se comenzó a tensar, sólo podía imaginar la hermosa sonrisa de su amada… la razón por la que ahora se encontraba allí.
Lloraba, la pena era la más grande para un hombre, el sufrimiento, la ira contra la muerte… la maldita muerte que se había llevado el tesoro que más amaba, lo más preciado de su vida. Agonizaba, pero sus notas seguían adornando su alrededor. Y los muertos despertaron, salieron de las catacumbas, debido a las intensas notas.
Sus planes eran siniestros pero sencillos… sencillos y siniestros, ahora sí se vengaría. Para el coraje de la muerte reviviría a todos los muertos y los llevaría a danzar con él una sublime y dolorosa melodía. Los cuerpos putrefactos podían moverse, había logrado parte de su cometido, pero aún faltaba algo. Su amada no despertaba.
Subió entonces las notas… fa… si… mi… Ahora podía expresar exactamente lo que sentía. Comenzó a reír, primero agónicamente y después, su risa cambió a burlona.
—¡¿Por qué?! ¡¿Por qué los genios tienen que perder lo más importante para seguir siendo genios?! —decía con voz fuerte al compás de su melodía.—¡Ven por mí, si puedes maldita! A mí no me llevarás… me cobraré lo que me has hecho —gritaba con desespero.


Sobre el instrumento había una botella de whisky media vacía. Los muertos del cementerio, todos estaban de pie, escuchando encantados las notas musicales como si estuvieran hipnotizados. El pianista gritaba y sus dedos sangraban, pero sus lágrimas y risas no cesaban.
—¡Querida mía! —gimió el genio loco.
Su amada abrió los ojos y se levantó, pálida como cualquier persona que llevara dos días muerta. La pandemia más poderosa que jamás había azotado el continente había cobrado la vida de la mujer que tanto amaba.
Entonces la musa del músico caminó hacia él. Él no paraba de tocar, aun si quisiera no podría, la locura lo había consumido al punto del delirio. Esbozó una sonrisa y la dama abrazó y besó al que —por decirlo de alguna manera— fue su príncipe, como aquéllos que relatan los hermanos Grimm en sus cuentos.
Ahora estaba feliz, la muerte no lograría vencerlo.
Fa y las notas enmudecieron. Terminó… la obra maestra estaba completa. El hombre sucumbió ante la locura. Abrazado por la mujer más bella del mundo.
Al amanecer, el vigilante encontró los cadáveres de ambos abrazados, junto a ellos el piano que deleitó con notas de locura toda la noche a los habitantes del panteón, junto al pianista… la botella de whisky totalmente vacía.

 

***********

Víctor H. Salazar (Jalisco, México)
Escritor, guionista, fotógrafo, aspirante a director de cine. Estudiante de la Facultad de Letras y Comunicación en la Universidad de Colima. Se ha desempeñado como locutor y productor de radio en la estación de la universidad, Universo. Actualmente es director de comunicación en la fundación Carolita Gaitán IAP.

sunwalk_vs@hotmail.com

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2 comentarios to “Pianista a luz de Luna”

  1. Víctor, muchas gracias por compartirnos este texto… un poco dramático… me hace pensar en las cercanías de Colima, un poco oscuros los parajes.

    Espero sigamos viendo tus colaboraciones por acá.

    Saludos.

  2. Me encantó!

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