Poema de César Anguiano Silva, escritor colimense

por chilemexico

cesar-anguiano

 

PREÁMBULO

 

I

 

Aves,

Metralletas,

Puestas de sol y amaneceres.

Los cuerpos de tres ejecutados

Descansando en la acera.

Cantos de mirlo,

Niños jugando,

A gritos celebrando el gozo,

La dicha indescriptible de estar vivos.

Encapuchados buscando el menor

Pretexto para matar.

Flores,

Hermosos diamantes,

Estrellas.

Una muchacha paseando sus caderas,

Un helicóptero vigilándonos,

Un árbol todo flor, amarillo,

Peces girando y brillando al sol.

Golondrinas rompiendo

La quietud del agua,

Balas, muchas balas,

Miedo o indiferencia ante el horror.

Bach, Beethoven,

Muchas sinfonías.

Besos,

Tardes de sexo inolvidables.

Saliva, lenguas entrelazadas.

Muerte, mucha  muerte rodeándote.

Vida.

 

Oscuridad,

Tinieblas,

Tiernas auroras,

Haces de luz penetrando la arboleda.

Vagos, lejanos presentimientos de dicha.

Un charco de sangre,

Cinismo, hipocresía.

Lluvia,

Lluvia lavando nuestros pecados,

Purificándonos.

Una pareja de ancianos

Caminando juntos.

Presupuestos millonarios

Para sembrar muerte.

Tequila,

Limón,

Largas conversaciones

Con verdaderos amigos.

Distanciamientos,

Adioses;

Ganas  y voluntad de no ver ni entender nada.

La verdad penetrando tus párpados cerrados,

La verdad taladrando tus oídos,

Revelándose desnuda y horrible

Mientras duermes.

Tú escribiendo,

Tú inmóvil en medio de una multitud que corre,

Tú como un inmenso monolito

A quien los demás han  decidido dar la vuelta.

Mariposas,

Colibríes libando en el jardín de mi madre;

La tremenda indiferencia de lo pequeño

Ante nuestra vida.

Espigas,

Lánguidas hojas de los plataneros,

Rumores de nuevos impuestos,

De tasas de interés que suben.

Rumores de muerte.

Música de Jazz,

Bossa nova.

Cuarenta y ocho ejecutados

En Ciudad Juárez

Un solo fin de semana.

Un fresco corredor de helechos

Haciendo eco desde la infancia,

Una carpa roja en el estanque.

Cigarras.

Una madre limpiando los mocos a su hijo,

Comprándole un helado,

Mirando recelosa las bocacalles,

Las esquinas donde se agazapa la muerte.

Luces y gritos,

Vergas y cuchillos hundiéndose en la carne.

¿Será  verdad,

Que un perene equilibrio se mantiene;

Que no se inclina hacia ningún lado la balanza?

¿O hace tiempo que rodamos

Cuesta abajo

…hacia las sombras?

 

II

 

Amanecí con una docena de poemas en la garganta,

Con un millar de versos que quisieran ser lágrimas.

Amanecí con unas ganas terribles de ser agua  con sal,

De romper este caparazón de tristeza,

De rodar y chocar con las piedras.

 

Amanecí con ganas de ver flores

En este cementerio en que vivimos,

Con ganas de mirar las estrellas.

De crecer hasta convertirme en montaña,

De parar esta horrible procesión, de preguntarme,

De saber por fin por qué me duelen tanto estos muertos.

 

Amanecí con la garganta cansada  de decir

No sé qué cosas secretas.

Con ganas de seguir en el lecho y llorar y llorar.

Amanecí con ganas de decir, sencillamente:

¡Hey, hermanos; esas que arrastran se llaman cadenas

Y eso que llaman vida es una trampa!

¡Una vergüenza!

Amanecí con ganas de escapar de esta noche,

De esta soledad y este perderse interminables.

Más oscuro, más tenebroso que el de las bestias

Es el camino del hombre.

 

III

 

Me dan ganas

De contar cada sílaba,

De rimar de una vez

Este poema.

 

Me dan ganas de hablarles

De los falsos misterios,

Del cenicero atrapando

El vacio y el polvo de nuestras vidas.

 

Me dan ganas de escribir un poema

Que rezume burla

En lugar de falsa belleza.

 

Me dan ganas de tomar un  cincel,

De abrir a martillo la cabeza

De todos los poetas de mi generación.

¿Tendrán algo bajo sus cráneos?

¿En el sitio donde solía estar el corazón?

 

Me dan ganas de mandar al diablo

Este absurdo juego de palabras.

De callar,

Pero hay algo todavía más terrible en el silencio

Que en cualquier poema que rezume rabia.

 

IV

 

¿Tendré que conformarme

Con hacer listados,

Largas enumeraciones

De palabras bonitas;

O hay alguien aquí

Que aún entienda de poesía?

 

V

 

He estado pensando en la belleza,

En el tétrico arte de Homero, por ejemplo;

En sus paisajes repletos de buitres,

De cadáveres después de la batalla.

 

He reflexionando  bastante en Baudelaire,

En sus poemas sembrados de cuerpos verdosos,

Sin vida.

 

He estado pensando en la estética

De las cámaras de gas,

En las filas de esqueletos desnudos

Fusiladas por los ejércitos de Hitler.

 

He estado pensando seriamente

En los ochenta mil muertos de Calderón,

En todas las posibilidades estéticas

Que éstos ofrecen.

 

VI

 

Algunas montañas se han cubierto de nieve,

El aire es más nítido, y la luz,

Después de las lluvias de invierno.

 

Los perfiles,

Las superficies de las cosas

Han ganado color;

Se diría que el mundo ha rejuvenecido,

Que este año ha sido el mejor

En mucho tiempo.

 

¿Pero cómo decirlo,

Si los muertos por hambre y frío

Casi Igualan a los ejecutados,

A los enterrados a la vera

De cualquier camino?

 

VII

 

Quisiera ser un violín,

Una guitarra,

La garganta de una cantante genial,

Dar una nota aguda y sostenida

Mezcla de grito y llanto;

Una nota capaz de  durar siglos,

De cruzar épocas y fronteras.

 

Quisiera que en mil años se supiera

Que a pesar de estar de rodillas,

Estábamos también de pie,

Que nos crecíamos ante el castigo

Y mirábamos a los ojos, con valentía,

A nuestros asesinos.

 

Quisiera ser un clarín,

Un gran cuerno en lo alto de una montaña,

Sonar sobre valles y acantilados;

Dejar en claro

Que no fue estupidez ni cobardía:

Otros pueblos también se extinguieron

Sin volverse culpables.

¿Pero quién?

¿Qué cosa sino un violín o una guitarra?

¿Qué sino el viento hablará de nosotros

Cuando nos hayan vencido del todo?

 

VIII

 

Pongámonos exquisitos:

En esta tierra bárbara

Sólo lo muy torcido pasa por poesía.

 

Hagamos gran arte

Mientras la matanza

Continúa allá afuera.

 

Que nadie diga

Que perdimos la calma,

Que abandonamos

Nuestra sublime vocación de poetas

Por apenas

Ochenta mil muertos.

 

 **********

CESAR ANGUIANO SILVA. Nació en Alcaraces, Cuauhtémoc, Colima en 1966. Estudio la Licenciatura en Administración de Empresas en el Tecnológico de Colima, Maestría en Literatura  Hispanoamericana en la Universidad  de Colima. Editor de la Revista Literaria Replicar, 2010-2011. Entre sus libros se encuentran Safo (Poesía ), por la Secretaria de Cultura de Colima, Colección Costa Nativa,

4 comentarios to “Poema de César Anguiano Silva, escritor colimense”

  1. ME PARECE MAGNÍFICO!!! realmente,mis felicitaciones,pues eres un POETA! y ESCRITOR,increíble!
    muchas gracias
    lidia-la escriba/www.nuncajamashablamos.blogspot.com/ te invito a pasar,no esperes demasiado!

  2. Muchísima fuerza en la explosión de imágenes vertiginosas que conforman este poema. Ello consigue imprimir a los versos de este poeta un peso dramático que conmueve, y admirablemente, a pesar de la contingencia de los temas planteados, dista mucho de ser parecer panfletario. Me dejó pensando……….

  3. “Amanecí con una docena de poemas en la garganta,

    Con un millar de versos que quisieran ser lágrimas.”

    Excelentes imágenes… en ocasiones una piensa ¿qué es poesía? y la poesía, definitivamente “eres tú”, explico: cada lector le da un sentido a la frase, a la imagen contenida en la palabra… entonces, este suceder de rostros, sentimientos, espacios y voces cobrará un único sentido en lo individual. Me gustó el ritmo. Esperamos contar con más colaboraciones tuyas.

  4. sigue luchando hermano, mucha fuerza el poema,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: