Poemas por Ciudad Juárez / Luis Armenta Malpica, Guadalajara

por chilemexico

NOVEDAD DE LA PATRIA

Oigo lo que se fue, lo que aún no toco.

Ramón López Velarde

Para decir la patria habría que estar muy lejos de la muerte

impedirle que llegue hasta los labios

esa cruz de su nombre

pues crece del sarmiento

de una piedra.

La patria es ilusión. Lo que pisamos y queremos mirar por encima del hombro. De un pasto casi blanco de tantas municiones. Del rojo que se escurre entre las barras y sin tener estrellas por techo o distinción. Barrotes que contienen asomo de colores, vislumbre de lo que ha sido un crimen, pero ninguna culpa. Un espacio disperso, tan adentro del hombre que no lleva apellidos, únicamente un alias, una letra cualquiera, el distante no sé.

El pasto se redime si una sombra

—verde guardián del mundo—

de lo que hemos andado

se prosterna en la luz.

Nos engaña la luz del arbotante. Nos engañan el agua turbia, los jueces y las instituciones. Pagamos con rodilla el ya no estar de pie, acostarnos envueltos en los miedos que se han tejido a diario. Nos engaña el gatillo que en su maullar destroza un esternón, el alma, la credibilidad de que somos la bala cuando al hablar decimos: no sé, en lugar del supongo. Tal vez, como decían, todo es suposición. Y mientras tanto…

No hablamos de inocencia:

es atributo de árbol hacer blancos los días.

Acaso el sol reseque lo que vemos del mundo

y está solo en los ojos.

La patria es un jardín. Y aquí no hay hoja blanca. Aquí no hay hojas secas. Para decirlo pronto, la única hoja que existe es el papiro. Del tiempo del papiro dan cuenta aproximada sus varias rasgaduras. Las marcas del grillete de la consolación, del siempre ha sido igual, del ya no sé qué haremos, pero habrá de llegarnos el auxilio si rezamos y cumplimos con diezmos y limosnas. Si dejamos los ojos apagados (casi blancos) y nada más leemos la cifra de uno más.

 

Para limpiar la lápida

habría que buscar dentro del llanto

un surco de semillas.

Al principio la arena era la forma idónea de dar soporte al tiempo. Confusional, acumulada, la arena no fue arena, sino un siglo. A tantos montes, eras. Al continente, la total dispersión. Pero llegaron ellos: los hombres, las palabras. Y con ellas, las voces. Y con todos, los gritos. Del último alarido que la arena no olvida nació lo que llamamos patria. Sin principios, la tierra ya no supo lo que vino enseguida. Lo que vino, enceguece.

A eso que llaman patria

le conozco de oído.

 

Luis Armenta Malpica.Fue miembro del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Jalisco y es director de Mantis editores.

Autor de los poemarios: Voluntad de la luz (1996); Des(as)cendencia (1999); Ebriedad de Dios (2000); Luz de los otros (2002); Ciertos milagros laicos (2002); Mundo Nuevo, mar siguiente (2004); El cielo más líquido (2006)y Cuerpo+después (2010) y El agua recobrada, antología poética (2012) entre otros. Libros y poemas de su autoría han sido traducidos al inglés, francés, alemán, portugués, italiano, catalán, rumano, árabe y ruso.

Expremio de poesía Aguascalientes (1996), Premio Jalisco en Letras (2008) y Premio Nacional de Poesía José Emilio Pacheco (2011); por su labor editorial recibió la Pluma de Plata (Patronato de las Fiestas de Octubre), en 2006, entre otros reconocimientos.

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2 comentarios to “Poemas por Ciudad Juárez / Luis Armenta Malpica, Guadalajara”

  1. Excelente! Es innecesario expresar más, sólo saludar al poeta, su visión y arte para con las palabras.

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