Poesía y prosa de Matorras Juste

por chilemexico

Este yo extranjero,
asustado,
minusválido,
delicado, que escribe.
Sentado en este instante absurdo
en que te miro sin verte
tan derrumbado no frente a ti,
frente a ese tú que no está.
Y detrás, ¿por qué no decirlo?
lejos, donde no llegas tú,
ni tu ausencia,
donde no llega este país tan tuyo,
perdida entre huesos, neuronas y cartílagos,
está la satisfacción,
humilde pero mía,
de ser como siempre,
yo solo sin ti,
el que regresa.

FAMILIA QUE NO COMPRENDE A LA TÍA

Ayer tomando el café, mi padre y su socio hablaban excitados relatando  alguna de las excentricidades de mi abuelo; creo que se referían a cuando decidió alimentarse sólo de yogur hecho por él mismo; y agitaban los brazos y elevaban el tono no sé si para atacarlo por estar loco o para protegerse de su locura. Yo me tomaba el café con pastelillos de El Sauco y pensaba en cómo era posible que aquellos dos hombres casi ancianos amasen el arte. Recordé que durante toda mi vida había visto a mi padre caminando por los pasillos de casa, vigilando los cuadros de santos en marcos dorados, ordenando una y otra vez los libros viejos, viejísimos, elaborando complicados catálogos en su despacho; enlistando con ternura bodegones, retratos, miniaturas… Me di cuenta de que ellos coleccionaban el arte, lo conservaban, se preocupaban por él. Custodiaban las huellas de un modo de vida extinto. Aquellos hombres que jamás habían derramado una lágrima eran los depositarios de una cultura.

En mi casa se respiraba ese aire a siglo XVI que tienen los claustros de los conventos y que divertía a las visitas. Y entre las estatuas de santos armados con espadas, parecía no pasar el tiempo. Mi padre y su socio eran los guardianes, quizá los últimos, de un mundo tan bello como caduco. Y no era sólo el arte lo que custodiaban, también protegían los rituales de las cenas de navidad, las sobremesas de las celebraciones familiares, los modales, los valores, los principios, las anécdotas hasta el cambio de vestuario con la llegada del otoño. Y eran idealistas a su manera. Yo no me daba cuenta entonces de lo difícil que resulta tratar de conservar el mundo y pensaba que era el acto de crear algo nuevo el que requería de ingenuidad e idealismo. Es mucho más difícil tratar de detener las cosas; aquellos dos hombres habían pasado la vida con el mundo escapándose continuamente de entre sus dedos y habían hecho un esfuerzo titánico por retenerlo. Por eso era ciega para ellos la poesía que despiden los borrachos y las locas, la que habían respirado aquellos mismos pintores en su época; porque el valor que ellos atribuían al arte era por encima de todo su antigüedad. Aquellos coleccionistas de cosas muertas no podían ver la belleza que exhalan las figuras que, como mi abuelo, se asomaban a las ventanas de madrugada como serpientes encantadas, tratando de olfatear una salida, un túnel que conduzca a cualquier lado. Ya, ya sé lo que estás pensando; que ambas fuerzas son necesarias, que la combinación entre el impulso de creación y el de conservación es lo que ha permitido que la humanidad llegue hasta donde está sin haberse despeñado por algún abismo en busca de aventuras. Pero eso que piensas no tiene ningún sentido, la humanidad no existe por Dios, pensé que a tus años eso ya lo sabrías. La humanidad es sólo una palabra que usan los alcaldes y los curas, los catedráticos de universidad; una mentira en nombre de la cual se sacrifican países y personas. Existen Juan y María, la humanidad es una entelequia. A mí antes esto me preocupaba mucho, porque cuando uno tiene veinte años se preocupa por estas cosas, ya sabes; si debemos algo a los conservadores o si todo el mérito del progreso le corresponde a los que se asoman a las ventanas buscando ese túnel que casi nunca se encuentra. Ahora creo que sencillamente cada uno hace lo que puede,  el que tiene algo lucha por conservarlo y el que no tiene nada, no tiene tampoco nada que conservar.

Matorras Juste nació hace treinta y cuatro años en el País Vasco. Ha vivido en El Salvador, México y Guatemala donde ha trabajado en el medio rural y escrito la mayoría de sus poesías y cuentos cortos. Asiduo de los bares, acaba de publicar su primer libro “La Tía Nela. Homenaje a los borrachos”. Actualmente vive y trabaja en México.

Contacto: malditotxino@gmail.com

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6 comentarios to “Poesía y prosa de Matorras Juste”

  1. Bien escrito. Lo de tu abuelo fue menos exagerado de lo que parece deducirse del texto. Y respecto de tu padre no es para tanto.
    Saludos, UDALECHE

  2. UDALECHE, creo que eso es interesante, que se vea la exageración. Me agradan ambos textos. Esperemos seguir contanto con la colaboración.

  3. ME ENCANTÓ EL POEMA. SIN DEMÉRITO DE LO OTRO. SIGO PENSANDO QUE ESTA PUERTA ES ANCHA; Y QUE POR ELLA PODRÁN PASAR TODAS LA EXPRESIONES.
    SALUDOS DESDE CHIAPAS, MÉXICO.
    HUGO SUÁREZ

  4. A mí también me gustó el poema. Sus paradojas me trajeron a la memoria una canción de Arjona que habla de la ausencia-presencia y del marcharse quedándose. Un buena canción, eso sí.
    El relato, creo por el primer comentario que tiene mucho de biográfico. Logra una reflexión interesante.
    Obviamente, LAS PUERTAS SIGUEN ABIERTAS.

    • Amanda, al parecer sí hay algo de autobiográfico, pero ¿qué es la literatura sino un poco de autobiografía? Como me preguntaban en alguna ocasión mis alumnos “Maestra ¿cuál es el límite entre la ficción y la realidad histórica?”

      • Exacto Reyna, concuerdo contigo y aprovecho a ampliar un poquito más mi comentario anterior: Sucede que…personalmente, como escribo desde variados nichos, los textos que tienen un “mucho” de autobiográficos me perturban al momento de tener que comentarlos, y no se piense que es por mirarlos en menos ni nada de eso. Es…un pudor personal que siento al darme cuenta de que estoy penetrando la intimidad CIERTA de un semejante. Cuando me sucede…dejo el análisis hasta allí por un asunto de respeto a sus sentimientos. Tontera mía, exageración o no, me sucede mucho y opto siempre por …..los puntos suspensivos!!!

        Carños Reyna. desde Chile.

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