Amanda Espejo / CASAS VIEJAS (o Algo siempre se descascara)

por Amanda Espejo

Quintero - Chile - 2012

CASAS VIEJAS
(o Algo siempre se descascara)

Con toda seguridad, estas a cuyas imágenes me refiero ahora, no clasifican en la categoría de “casas viejas”. Añosas tal vez. Residencias antiguas o inmuebles deteriorados. No lo sé…todo depende del ojo de quien mire. En mi caso, estas “casas viejas” revestidas por una dignidad perenne e incorrupta al paso del tiempo, han sido para mí, desde siempre, motivo de fascinación. Y es que algo (o mucho) de literatura tienen. También de cine, que no es otra cosa que una historia en imágenes, y muchísimas de ellas se escribieron y filmaron en torno a “la casa embrujada” conque, más de una vez, se sobresaltaron nuestras noches de infancia. Personalmente, lo admito, además de su siempre bella arquitectura, lo que me atrae de ellas son, precisamente, sus historias; el tiempo de vida habitable que tuvieron y las tramas que se fueron tejiendo durante ese devenir.

Siempre me pasa lo mismo: mi intuición, sin caer en llamarla sobrenatural, parece captar misteriosas ondas magnéticas que pululan por los espacios abandonados como reteniendo entre sus oscilaciones cada detalle de lo allí acontecido. ¿Exceso de imaginación? No podría asegurarlo ni desmentirlo.

Mientras observo alguna de sus ventanas pienso…¿cuántas personas habrán asomado por ellas? ¿Cuántas se habrán protegido con sus celosías para luego, atisbar con disimulo por entre las hendijas de la madera? ¿Cuántas manos habrán corrido y descorrido sus cortinas al completarse el ciclo de noche y día? Y sus pasillos…¿por cuántos pies fueron aplanados en un interminable ir y venir de pisadas en todos los tamaños? Y las puertas…¿a qué tipo de personas dejaron pasar o negaron su entrada? Sin duda, la retahíla de preguntas se me antoja interminable.

Peor su pone el asunto si logro traspasar el umbral de alguna de ellas, porque ya rodeada de sus muros – testigos de vidas pasadas – me es imposible sustraerme a la tentación de suponer cómo fueron los momentos allí vividos. Cómo y cuántos fueron sus habitantes. ¿Hubo niños corriendo y cantando algarabías en sus desvanes, altillos y rincones “mágicos”? ¿Fueron felices en aquella época de su vida? ¿Sufrieron, por el contrario, de desgracias que marcarían para siempre hasta el techo que los cobijó? ¿Amaron quienes nacieron y murieron entre sus paredes? ¿Se estremecieron hasta sus esencias con todas las manifestaciones de la naturaleza humana?

Humberstone - Chile - 2010

Fuera de mi ensoñación, la razón me dice que así debe de haber sido, y que ello no tiene nada de raro o excepcional puesto que a toda persona y en todo lugar suele pasarle lo mismo. Lo que me perturba, lo que me inquieta es comprobar, a través del vacío que queda de manifiesto en esas, “mis bellas casas”, es lo efímero de la existencia humana. Tan inobjetable, que nuestras propias creaciones superan en mucho el tiempo de vida asignado a nosotros. Todo lo que se siente, lo que se hace, lo que se crea, sufre y ama, todo, hasta nuestro gesto o acto más mínimo no puede superar un promedio probable de existencia más que comprobado por la ciencia y conocimientos todos. Lo demás son recuerdos, intenciones, luchas en cuerpo y alma de hombres y mujeres por trascender, por ir en contra de unas reglas que no sabemos (sólo suponemos) quien dictó, en las cuales, cualquier acto de orgullo en cuanto al “ser” es castigado de raíz con la sentencia de “ya no ser”.

De todo ese empeño, no queda más que la cáscara, ya que “lo que no sabemos” supera en mucho a lo aceptado. Cáscaras nuestras quedan deambulando por este mundo de una forma u otra y según el oficio y talento de cada cual. En el caso de un científico, quedan sus descubrimientos, los avances logrados precisamente, para prolongar esta existencia. De un profesor, quedan sus enseñanzas y la forma de aplicarlas, que marcan en nosotros toda una forma de enfrentar las cosas. Del artista quedan creaciones miles que reproducen en distintas disciplinas, todos sus intentos en emular la “Creación Primigenia”.

De los arquitectos y constructores quedan, precisamente, estas edificaciones: cáscaras, que ya vacías, albergan en desafío la esencia de quiénes se niegan a abandonar el tiempo ya ido y pasan a inspirar la imaginación de quienes como yo, también se empeñan en dejar algo a la posteridad, aunque sea algo tan simple como esta “cáscara” hecha de letras, hiladas a modo de texto solidario para con ellas, las Casas Viejas que persisten en múltiples rincones de nuestro cotidiano entorno.

Solemos no verlas porque tal vez (pálido remedo de nuestro propio abandono) nos asustan, pero allí están.

Amanda Espejo
Quilicura/ Febrero – 2012

9 comentarios to “Amanda Espejo / CASAS VIEJAS (o Algo siempre se descascara)”

  1. Querida Amanda, que maravilla este texto tuyo… Sin duda debemos reconocer como seres humanos la creatividad y arte que rodean nuestra vida y nuestros pasos, siempre he considerado que encontramos arte en todos los acontecimientos y logros, por ejemplo, imposible negar la obra de arte lograda por una madre reflejada en cada respiración, decisión y aventura de sus hijos y como este ejemplo pude encontrar diversos en tu texto y además me sumergiste sin duda en tus reflexiones de las “casas viejas” o “cascaras” y la vida que las habitó a lo largo de su historia. Ciertamente después de esta lectura pondré mucha más atención a las cascaras que encuentre por mi camino. Un abrazo.

    • Sheyla…tenía dudas, la verdad, de publicar esto aquí. Hay cosas que no las saco a pasear fuera de mi blog, pero luego pensé que era un comentario o parecer que, seguramente podía ser comprendido y compartido con muchas personas. Lo hice, y tu gesto me da la razón: me da mucho gusto que lo hayas disfrutado y también que te tomes el tiempo de comentarlo con tanta dedicación como lo haces siempre. Sin duda eres, ademas de sensible, una mujer generosa y abierta a escuchar y ser escuchada.

      Besitos!

  2. Siempre he sentido una nostalgia derivada de la desaparición de algunas construcciones, casas viejas como tú las llamas y siento también un profundo cariño por las que aún persisten. Quizá tenga que ver con lo que dice Garcia Márquez de “cuando era feliz e indocumentada”. En fin, logras transmitir esas emociones que, estoy segura todos, en algún momento hemos sentido y que tan bien relatas. Felicidades y saludos cariñosos.

  3. Me da gusto que no hayan ganado las dudas y lo hayas compartido aquí, sobre todo porque nos regalaste una ventana a tu percepción personal y tu capacidad de ver arte y literatura en tu entorno, te agradezco de todo corazón tus comentarios y el placer de conocernos a pesar de las distancias físicas. Disfruto mucho leyéndote y sabiendo que gracias a este medio podré continuar haciéndolo.

    Viole!!! que gusto leer también de ti, saben que aunque esté lejos mi corazón está con ustedes siempre y las extraño enormemente. Me pesó mucho no haber podido verlas en mi último viaje a Tuxtla. Espero que te animes a publicar aquí en la página de la corporación. Salúdame a las compañeras por favor. Las quiero.

    Abrazos cariñosos a los dos, son mujeres valiosas a las que admiro enormemente.

  4. Mas que casas viejas, son reliquias históricas, llenas de leyendas y ávidas por contar su paso por el tiempo, desde su edificación. Considero que tienen alma y vida, perceptible para cada poeta que puede hacer renacer lo inmovible e inanimado.
    Con cuanta pena y nostalgia, vemos desaparecer las casas de adobe en nuestro Chile Campesino, después de cada zapateo de la tierra. Cuanta historia que se pierde; cuanto quisieran contar aquellos corredores que alojaron griteríos de niños, la mecedora de la abuela, un enamorado observando la intensa lluvia, con su caballo ensillado, amarrado a un poste de roble, preparado para cuando su corazón lo haga montar al animal; como dirigido por un rayo a ver a su amada.cuanto quisieran contar aquellas grandes cocinas, desde donde se gobernaba toda la casa, aunque el jefe de hogar dijese lo contrario. Edén desde donde salían todos los aromas mágicos. La cazuela perfecta, el cerdo al horno, el pastel de choclo, las empanadas, los olores a orégano, especies en vinagre, aliños. etc.
    Cuando visitamos un hogar, podemos sentir palpitar aquella alma. A veces nos recibe un viento frío, otras una calidez notoria y perceptible, desde donde no quisiéramos movernos.
    Te felicito Amanda, por la belleza de tu publicación ¿ que importa desde donde venga, si el fin justifica los medios?. Belleza encontramos hasta en el desierto florido, siempre está presente y tu la has rescatado, para compartirla con mas cantidad de gente.
    Saludos y un abrazo
    Elias Misner

  5. Amanda,

    Mi fascinación por las casas antiguas o nuevas la comparto contigo. Siempre camino por las calles pensando en esas mismas historias. Imaginándome dentro de las construcciones, generando anécdotas. Que bueno que escuchaste la voz que nos permitió conocer este escrito, como lo menciona Sheyla.

    Me ha intrigado siempre la calle que está cerca del Cinematógrafo, por el barrio Lastarria, creo que hay una estética ahí. De hecho, ese barrio me encantaba recorrerlo.

    • Sí, es un barrio muy bello, como también otros rinconcitos de nuestra capital que pasan inadvertidos en medio del quehacer diario. Basta con levantar la cabeza y mirar hacia arriba…y allí están los bellos detalles de las construcciones con todas sus enigmáticas sugerencias.

      Cariños, Reyna!

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