Cuento “Una Navidad de pie” / de Nancy Molina Vargas

por Amanda Espejo


El calor de Diciembre es normalmente pesado, más si le sumas toda la tensión de las compras navideñas. Pero este año no hubo compras ni preparativos fastuosos. Mejor dicho, nunca hubieron preparativos fastuosos para Navidad, sin embargo, al menos siempre había compras. Los regalos de los niños estaban seguros.
Esta vez las compras él las hizo solo. No la invitó ni le preguntó el parecer; solo llegó con los regalos envueltos y los depositó debajo del árbol. La orden había sido muy clara: cocinar el pollo, hacer las ensaladas y callar.

Se quiso bañar y cambiar de ropa pero no le fue permitido. “Las perras traicioneras son sucias y así se quedan”, le dijo, sin importar que los niños estuvieran presentes y escucharan el comentario.

Los cuatro niños no comprendían lo que pasaba, pero sabían que la palabra del padre era ley en casa y no se animaron a preguntar ni a objetar, ni siquiera los mayores, que ocultaban su indignación e impotencia bajando el rostro y saliendo de la habitación para no agrandar el problema mientras ella inútilmente intentaba hacer nada sus comentarios, para que la furia oculta detrás de esa calma inmutable no se abalanzara sobre su cuerpo en forma despiadada delante de los niños.

Él, acostumbraba a buscar estudiadamente las palabras y las acciones para castigarla; decía reiteradamente que ya no tenia derecho ni siquiera a ser tratada como persona. Le había fallado. Y eso un gran hombre como él, no podía aceptarlo. La salvó de la desgracia de ser mamá soltera cuando se casó ella (se lo repetía constantemente) y no lo agradecía lo suficiente. La mantenía, solventándola a ella y a sus cuatro hijos que por cierto, también eran sus cuatro hijos.

Él, que era tan importante dentro de la comunidad, un consejero admirado, un amigo de todos, que cumplía con la gran misión de llevar a los jóvenes a retiros y formarlos espiritualmente; él que era tan respetado en la comunidad educativa y que ahora descubría que en su propia casa se le faltaba y más, que su mujer, a la que acogía con sus hijos tan piadosamente, no le había agradecido. Era demasiado para que la perdonara. Esa mujer era sucia.

El gran orgullo de s{i mismo, su egolatría y la superioridad que ostentaba sobre ella, la hacían sentir como una perfecta ignorante e incapaz; ahora, su orgullo herido le impedía mirarla siquiera, pues no lo merecía, y así la trataría por el resto de la vida, como lo que era, una sirvienta sin derecho a nada.

Aceptar ese trato vejatorio era lo único quea ella le quedaba para sentir que algo hacía para expiar su culpa, sin embargo, algo le decía que no estaba bien. Quería explicarle, hablarle de lo que sentía, pero jamás pudo decir palabra alguna: se le hacia callar. Quiso hacerlo mil veces y las mil veces no le fue permitido. La única vez que logro sacar la voz y gritar para hacerse escuchar fue callada con una bofetada que la enmudeció para siempre. Fue el día en que le dijo que estaba embarazada. No podía seguir ocultando el hecho pues sabia que las cosas se iban a saber más temprano que tarde y ella nunca fue mujer de mentiras; quiso ser sincera y contarle a su marido tantas veces lo que le estaba sucediendo y las razones, pero jamás se dio la posibilidad de explicar nada. Pasaba sola semanas enteras en medio del abandono por su trabajo, y cada vez que llegaba y quería ser escuchada, solo le quedaba la posibilidad de escuchar en silencio las hazañas en el seminario, o de los logros con los niños…o simplemente, escuchaba sin prestar mayor atención las historias con las adolescentes que llevaba a los retiros espirituales. Nunca entendió cómo los años de espera se convirtieron en siglos.
Ahora su vida era una asfixia constante. Deseó por años que él se quedara al menos un fin de semana en casa, y ahora estaba todos los días, en una presencia constante y tortuosa, para recordarle que estaba maldita por tener en el vientre un hijo que no era de él.

Era nochebuena y la cena estaba servida. Como no se le permitió bañarse ni cambiarse de ropa, sólo se sacó el delantal, se acomodó el pelo y se frotó la cara para que los niños no vieran el rastro de su llanto. Un poco de colonia la hizo sentir mas fresca, para esperar que su familia tomara sus puestos y servir la cena. Uno a uno fueron llegando los niños y ocupando el lugar que habitualmente le correspondía, mientras ella, sentada, miraba en silencio sus rostros estaban entristecidos. Esa noche nadie quería que llegara la hora de cenar.

Al llegar él a la mesa, miró con ironía y antes de sentarse, adquirió una actitud que le era acostumbrada, pero esta vez fue fue muy exagerada: se puso de pie frente a su esposa y la observó en silencio por un rato prolongado, lo que inmediatamente provocó angustia en los niños; la miró tan insistentemente, sin palabras, sin reproches, con una mezcla de odio, asco y burla e sus ojos que ella no tuvo ninguna necesidad le expliquen lo que estaba pasando. Se paró con lágrimas en los ojos, pero luchando por mantenerse firme y así ayudar a los niños a pasar por alto este momento.

Al salir la mujer de la mesa, él tomó su silla y la sacó del comedor aduciendo que había un puesto demás en la mesa; se sentó, y con un gesto arrogante y mediocremente aristocrático le indicó que sirviera.
Se le permitió acompañar a sus hijos en la cena de navidad de pie, con el delantal puesto y en silencio.

La mujer que en ese momento no podía mas que reaccionar casi por inercia se dedicó a observar los rostros de sus hijos, a hacer suyo cada esfuerzo que hicieron los niños por tragar, lloró cada lágrima que no pudieron derramar por temor a molestar al hombre, lo miró con miedo pero a la vez con rencor…pero sabia en ese momento que ese era su peor castigo: su dolor mas grande era sentir cómo eran lastimados los sentimientos de sus hijos, por un perfecto desconocido al que llamaban padre.

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Nancy Molina Vargas / Valdivia, Chile. Escritora. Poeta. Amante de las letras, la música y toda expresión artística. Coleccionista de vivencias, se define soñadora. Publica sus textos en “Los cuentos net” y fue seleccionada para la “Antología Poética Víctor Jara” del Centro Chileno Argentino Bernardo O´higgins. Desde este año colabora en la revista literaria La Mancha. Ha publicado una plaquett poética MADRE TIERRA (2011), bajo el sello de Ediciones de Taller. El cuento aquí publicado pertenece a un trabajo en preparación, inpirado en historias reales de mujeres que supieron sobreponerse a la edversidad en algún minuto de sus vidas.

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5 comentarios to “Cuento “Una Navidad de pie” / de Nancy Molina Vargas”

  1. me siento muy alagada de ver mi trabajo en este espacio.
    Un abrazo fraterno, y muchas gracias
    hemany

  2. Un cuento muy logrado acerca de lo que viven millones de mujeres en el mundo, pero sobre todo en América Latina. Ojalá y sirva para hacer reaccionar a las mujeres víctimas de maltrato, Ese sería un gran logro. Ojalá, ojalá. Felicidades navideñas y de año nuevo para nuestros amigos chilenos y, claro para los mexicanos.

    • Gracias por tu comentario y…s, en realidad, aunque la Navidad es en su esencia una festividad de amor, el escribir acerca de alguna otra de sus caras es un privilegio del escritor, quien debe inventar o recrear mundos muchas veces basados en lo cierto. Este relato de Nancy Mo lina es el caso, y por ello identifica a tantas mujeres que han vivido algo parecido. O por lo menos, hace abrir los ojos acerca del tema.

      Amanda Espejo

      Revista La Mancha Ediciones del Taller Puerta Abierta Chile Mxico

      ________________________________

  3. El relato de Nancy me hizo pensar en la realidad (lamentablemente) de muchas mujeres mexicanas, me hizo pensar en las voces calladas que pululan en nuestos países. Me estremece pensarlo.

  4. Esta realidad es común en todo el mundo, aunque las estadísticas dan cifras alentadoras, la verdad que se esconde en cada hogar es otra, en Chile llevamos este año 39 femicidios, y recién esta semana se falló una condena de 20 años de presidio a un parricida que asesinó a su esposa con 20 puñaladas el año pasado….
    Si estos relatos sirven para crear conciencia, pues entonces me siento con mas fuerzas para seguir escribiendo.
    Un abrazo amigas y que estas fechas tan especiales nos hagan reflexionar, y pidamos en conjunto al viejito pascuero que traiga este año mas amor, mas respeto, mas conciencia y que los hombres y las mujeres nos abracemos sin temores ni desigualdades.
    hemany

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