Ideas geniales – Edmundo Moure

por Patricia Gomez

Me encanta este escritor, Edmundo Moure, cada cierto tiempo me llegan a mi correo artículos llenos de ingenio y suspicacia, actuales. He acá uno de ellos.

“Ideas geniales”

Una buena idea puede valer un imperio. Así ocurrió con aquella iniciativa genial, hecha compulsión obsesiva, del marino genovés o gallego, Cristóbal Colón. Aunque, como sucediera con muchos iluminados, otros iban a cobrar los réditos de la hazaña venturosa, incluyendo a sus más encarnizados enemigos.

Durante los breves años transcurridos de este siglo XXI, que tan promisorio y exitoso se anunciara por los corifeos del feliz y sostenido progreso, asistimos a una sucesión de crisis del neoliberalismo, o capitalismo salvaje -si hablamos claro-, que tiene a los políticos del globo sentados en la parrilla. Ante ellas, los propios beneficiarios y tecnócratas del sistema, nos dicen que son “pasajeras” y serán superadas a través de su propia mecánica o entelequia, “la mejor hasta ahora conocida por la humanidad para producir óptimos índices de bienestar”. Algo así como que el fracaso reiterado constituye un logro insuperable.

Según Milton Friedman, uno de los más admirados profetas y sacerdotes neocapitalistas –consejero y confesor de Pinochet-, la fractura, es decir la crisis final, es inevitable y convulsionará el mundo hasta un grado no previsto aún. El diagnóstico de Gilding, en ese sentido, no nos alienta a ser optimistas por el momento: “Nuestro sistema de crecimiento económico, de democracia eficaz, de un planeta sobrecargado, se está comiendo vivo (a sí mismo, entiéndase). Lo que ahora tenemos es la madre de todas las promesas rotas”. Según él, la ventaja de la fractura es que ella conlleva un flujo de ideas innovadoras y nuevas posibilidades de mercado. “Aprovechar el flujo global, dice, es la clave para la productividad, el crecimiento y la prosperidad” .

Lo que no explica este aventajado científico de lo impreciso, es por qué esta supuesta prosperidad beneficia -en proporción al aumento de la población que bordea hoy los siete mil millones de bípedos razonantes-, cada vez a menos personas; por qué el hambre crece y se multiplica entre millones de seres humanos de África, Asia y América Latina, a un ritmo mayor que los bienes productivos; por qué la riqueza se concentra en menos individuos o corporaciones…

Es que no hay respuesta en las entidades de una estructura inhumana y aberrante; ni siquiera la de implementar mayores mecanismos de control, pues éstos se corrompen o son neutralizados antes de funcionar a cabalidad. Pareciera que un sistema que promueve y alienta la codicia, como virtud suprema, es intrínsecamente perverso.

Pero dejemos el pasado atrás. Otros han emitido más completos y mejores juicios, éticos o técnicos, al respecto. No obstante, yo tengo la solución, a través de una idea genial. Sí, por favor, no sonrían con burlón escepticismo, y escúchenme:

 

Puesto que la privatización de empresas y entidades económicas fiscales, a lo largo y ancho del mundo, no ha producido los beneficios de liberalización de mercados que se presumía, debieran adoptarse medidas más drásticas y globales, tal como privatizar los países en su unidad territorial completa, como si de corporaciones distintivas se tratase. Esto produciría efectos extraordinarios, asegurando, de paso, que ningún estado cayese en incontrolable insolvencia de pagos, como está ocurriendo hoy en día con naciones de gran prestigio histórico y cultural, pero de perniciosa y recurrente ineficacia en el mundo de los negocios: Grecia, Italia, España y Portugal.

Comencemos por la problemática Grecia, cuna de nuestra civilización occidental y cristiana -hoy dato anecdótico-, cuyas torpezas e irresponsabilidades en el devenir financiero tienen al Euro por las cuerdas y a la economía mundial al borde de una catástrofe. Los directivos del Fondo Monetario Internacional han sido claros: a los griegos no se les puede prestar más dinero, porque no van a invertirlo bien, sino que lo gastarán en sus festividades y francachelas consumistas, al más puro estilo Zorba, encabezados por su clase política, que aún no supera el neoplatonismo y sigue creyendo que las ideas de progreso vienen del ágora.

Vayamos al grano. Propongo vender Grecia, enterita, desde Macedonia hasta el Mediterráneo, con sus ruinas incluidas, a The Coca-Cola Company, multinacional de envergadura que puede hacerse cargo de sus pasivos incobrables y levantar su economía, implementando medidas y ajustes muy simples: rebajar los salarios a la mitad; jubilar con media pensión mínima a todos los funcionarios públicos mayores de cincuenta años; al resto, se les redistribuirá las tareas de los desafectados, más las suyas propias; eliminar los beneficios de natalidad y otras prebendas innecesarias –y a menudo perjudiciales- para el cumplimiento de las metas de productividad.

El nuevo Estado-Nación-País se llamará The Coca-Cola and Grecia Incorporated, y tendrá dos banderas, la del antiguo país y la de Coca Cola. Las fiestas nacionales, religiosas y las conmemoraciones patrióticas no serán alteradas, salvo por el izamiento conjunto de ambos pabellones y la entonación de sendos himnos. La bebida nacional será la Coca Cola, cuyo precio de venta al público tendrá un subsidio del cincuenta por ciento, respecto de su valor internacional. De este modo, las posibles repercusiones sociales del párrafo precedente, serán conjuradas por este fantástico líquido de la alegría, que a mí me encanta, -debo confesarlo-, con ron cubano y limón de Pica, en el más puro y efervescente brindis del eclecticismo planetario.

La verdad es que yo, en medio de mi propia crisis, pensaba vender esta idea, pero a tiempo me percaté de que no era mía, sino de otro escritor, harto más prestigioso; nada menos que de José Saramago, aunque él la propusiera, en su tiempo, para su querido Portugal… Aunque ahora pienso que sería más adecuado vendérselo al Banco Santander, en un paquete (o combo) que incluyera a España, por eso de la hermandad luso-hispana, que no deberíamos perder, aunque fuese como souvenir, ni siquiera por la más terrible crisis universal de la Bolsa.

 

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3 comentarios to “Ideas geniales – Edmundo Moure”

  1. Ésta idea es ciertamente genial!! Hacía mucho tiempo que no me detenía a pensar en la economía mundial, debo confesarlo, a pesar de ser administradora mi mente deambula entre las diversas capas de mi subconsciente, siempre arreglando una crisis existencial, siempre pensando en la evolución de la conciencia, en la razón del universo, de donde venimos y más importante aún (al menos para mi mente) hacia donde voy si es que voy hacia algún lugar, etc, etc…. pero este artículo me sacó por un momento de esta batalla ególatra y de la forma más divertida me llevó a pensar que la crisis existencial no radica en mi cabeza sino en el mundo entero… así es me parece que la crisis no es económica, la crisis esta presente en todo… esperemos que sea una catarsis mundial.

  2. Me gustó mucho el artículo, gracias por compartírlo. Hace tener muchas ideas que intenten ser geniales.

  3. Un poco de humor siempre es bienvenido, sobre todo, si este sirve para traer la atención hacia los problemas reales, los que están cada día en todo entorno. Y tan acostumbrados estamos a ellos, que ya no nos causan asombro……..a veces, porque nada más con salir del centro de las ciudades hacia la perisferia, la realidad estalla frente a nuestro ojos y no hay ironía o sarcasmo que pueda contra ello.

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