¿Y Alfonso? – Hugo Suarez

por chilemexico

¿Y ALFONSO?

J. Hugo Suárez Domínguez

 -¿Cómo llegué aquí? ¡Qué lugar tan extraño! ¿Pero qué me pasó? Sólo recuerdo que ayer era sábado y fui a visitar a…

Emma vive al final de una calle larga y empedrada. La noche anterior, Alfonso fue a visitarla. Como novio de permiso que es, tiene la obligación de verla dos veces por semana; y, como siempre, en esta ocasión cumplió el rito con absoluta puntualidad. El respeto tradicional que en el pueblo los enamorados les deben a las novias, había conducido la cita por caminos de íntegra caballerosidad.

Por eso Alfonso nunca comprendió cómo es que Emma, a los pocos minutos de haberse despedido, se encontraba parada en una esquina llamándolo. Le decía <<Llévame a tu casa, quiero ser tu mujer esta misma noche>>. Naturalmente, él se desconcertó y trató de disuadirla argumentando que no tenía caso hacer eso, que pronto hablarían con más formalidad respecto a la boda. Pero ella insistió, se comportó atrevida y hasta obscena. Lo tomó de la mano, lo jaló con violencia y lo llevó por una calle oscura, con rumbo indefinido.

 No habían caminado doscientos metros cuando Alfonso intentó reaccionar y se aventuró a decir <<Oye, tú no eres Emma>>, pero ella le contestó que qué tonto era, que desde hacía tiempo quería hacer esto y más de una vez se lo había insinuado. De su corpiño sacó una cajetilla de cigarros y empezó a fumar, aumentando más el desatino de él. Le preguntó si quería uno, pero como Alfonso no fumaba, contestó que para después. Entonces –convino ella- te dejo estos en la bolsa de la camisa.

 Caminaron siempre en la más absoluta oscuridad, entre árboles gigantescos y suelo pantanoso, hasta que tuvieron que cruzar el río. Alfonso no recordaba que en la región hubiera un río caudaloso, pero éste así le pareció. Emma lo animó a cruzarlo sin pena; le ofreció un palo para que lo usara como cayado y pasaron sin ninguna dificultad. Lo extraño es que después de salvado el tumulto de las aguas, en ninguno de los dos quedó vestigio de haberse siquiera humedecido. Siempre con el manto de la noche como obstáculo, vagaron a tientas durante mucho tiempo hasta que a lo lejos divisaron un resplandor maravilloso. Emma llevaba la delantera, y Alfonso lo siguió, a partir de entonces, con la voluntad totalmente entregada.

 Llegaron a un paraje donde la luz de la luna se repartía de manera generosa. Era como un parque de recreo, con espacios construidos para sentarse a charlar o recostarse. La noche tenía la apariencia de un día creado artificialmente. <<Aquí quiero que hagamos el amor>>, dijo ella con descaro. Alfonso, perdido el control de sus actos, aceptó. Seleccionaron un lugar y se sentaron a conversar tomados de la mano. Pasaron de la conversación anodina a las palabras ardientes, a las mutuas confesiones de que ambos se necesitaban desde hacía tiempo pero no se atrevían a declararlo. Los minutos siguientes fueron de éxtasis y apremio por consumar la delirante entrega. Emma le pidió, pudorosa, que cerrara lo ojos un momento, porque iba a aflojarse un poco la ropa, y le daba vergüenza hacerlo así, de frente. Él obedeció sin ningún titubeo.

 La luz se hizo silencio. Ningún reloj marcó el tiempo que tardó la espera, ni Alfonso tuvo conciencia de otra cosa que no fuera esperar; por eso, cuando abrió los ojos, una remota lucidez le hizo entender que lo que veía era el justo pago a su paciencia: ella se presentó ante su mirada, en su más voluptuosa desnudez. Rodeada de un halo no natural, su cuerpo presentaba la apariencia de una diosa olímpica esculpida en alabastro. Él sucumbió a la fascinación de la atmósfera creada y puso sus manos en la cintura de ella, la besó con frenesí, la recostó en un lecho mágico de lienzos de seda, y la hizo suya con la más descomunal de las locuras.

 -¿Quién es usted? ¿Dónde está Emma?

 De lo último que fue consciente Alfonso es del momento en que ella le susurró que el acto del amor, por su excelsa magnitud, se consuma en un estado de desamparo muy próximo a la muerte. Después de eso todo fue viajar a estados hipnóticos en los que la luz pasó de tonos anaranjados a tonos violáceos, sin tiempo ni espacios físicos que impidieran al amante ser libre en esta clase de eternidad momentánea. Por eso ahora no entendía que hacía este hombre aquí, a su lado, haciéndole preguntas acuciosas sobre esos huesos resecos que tenía entre las manos.

 -Soy el cuidador del panteón y no sé de quién me habla. Es muy temprano para andar desenterrando muertos.

 En la casa de Emma, la familia respiró aliviada cuando ella fue abriendo los ojos casi al tiempo que iba despuntando el amanecer. Nunca le había ocurrido; la noche anterior, apenas se había marchado Alfonso, sufrió un desvanecimiento que la mantuvo sin sentido durante toda la noche. Ninguna intervención médica valió para volverla de ese raro estado cataléptico. Lo bueno es que a su retorno no parecía enferma ni demacrada como era de esperarse; al contrario, en su rostro brillaba un signo de inequívoca felicidad. No fue raro, por lo tanto, oírle decir mientras se desperezaba:

 

-Qué sueño tan bonito. ¿Y Alfonso?

 

 

 

 

*De la antología Escalando Horizontes. Coneculta 2006. Chiapas, México.

 

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4 comentarios to “¿Y Alfonso? – Hugo Suarez”

  1. Perfecto!
    Después de comentar “Metamorfosis” encuentro este cuento de Hugo (a quien he aprendido a admirar en esta espacio de PUERTA ABIERTA) y me “subo al caracol del lenguaje” como decía Cortázar, y disfruto a concho otro de esos cuentos en donde las realidades se confunden entre mundos paralelos y tanto los personajes como los lectores sientes ese vértigo de lo inexplicable para la mente humana , pero tangible en sus emociones. Razón y emoción. Laberintos fascinantes en donde se puede encontrar y sentir…todo.
    Felicitaciones Hugo Suárez!

  2. UNA FINA TRAMA DE UN AMOR SOBRENATURAL QUE VIVIERON LOS DOS,NO HAY NINGUNA EXPLICACION A ESTE RELATO DE AMOR ,QUE SE DIRIAN DESPUES,QUE DIRA ALFONSO CUANDO VISITE A EMMA,CUAL SERIA EL EPILOGO DE ESTE RELATO. MUY BIEN NARRADO HUGO,MANTIENE AL LECTOR EXPECTANTE Y TERMINA LA LECTURA CON MIL PREGUNTAS,MUY BIEN HUGO,SALUD

  3. Hugo,

    Me gustó mucho el cuento, hace pensar en tantas otras lecturas y lectores. Concuerdo con Leandro, nos dejas muchas preguntas 🙂 y quizá esa sea la trampa lectora.

  4. Hola. Leer en general a todos los autores de Puerta Abierta, me deja sin aliento, con el ojo cuadrado y con unas ganas inmensas de ir cada vez más lejos en este mundo de la narrativa.

    Este cuento me fascina y hasta podría decirse que de éste, podrían salir muchos más. Puedo asegurarles que cada vez que abro la página web, me descubro en un mundo fantástico.

    Felicidades Hugo, ojalá tenga la oportunidad de conocerte un día de éstos.

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