La duda de Melesmeles – Clara del Carmen Guillen

por Patricia Gomez

¿Por qué sacas la lengua? ¿No sabes que es de muy mala educación hacerlo? Dijo una ardilla que pasaba cerca, muy cerca de Viperi, la serpiente cascabel. No lo puedo evitar, dijo ella, me sirve para percibir olores, y además detectar cambios de temperatura, no es que sea maleducada, lo necesito para estar bien, para cuidarme del peligro. No puede ser, respondió Tlalmototli, si todos los animales lo comentan, dicen que no me junte contigo porque eres, además de maleducada, peligrosa; que puedes comerme. ¿Verdad que no es cierto? le preguntó acercándose más a ella. Si tengo hambre, claro que puedo comerte, le dijo Víperi, pero no te preocupes, yo como a mis horas y tengo un platillo elegido siempre; mi siguiente comida será un delicioso lagarto a las finas hierbas, pero no será precisamente hoy, preciosa, no te preocupes. Por ahora quiero irme a dormir. ¡Adiós!. Diciendo esto abrió su mandíbula lo más que pudo y se deslizó lenta y pesadamente hasta un tronco seco que era su casa.

Tlalmototli huyó espantada y feliz. Espantada, porque la serpiente abrió las fauces de manera tenebrosa, como que iba a comerla; feliz, porque no la comió. La ardilla iba de árbol en árbol masticando frutas y platicando con sus vecinas. Animal que encontraba en las ramas de los árboles, animal con quien plati-caba animadamente: Fíjate amiga que la serpiente Viperi, que vive en aquel tronco, me dijo que va a comerse un cocodrilo, que lo cocinará a las finas hierbas y no sé cómo decirle a doña Moreletti, que acaba de ser mamá, para que cuide a sus bebés, porque me dijeron las malas lenguas que esta Viperi se los traga enteros. Oye Tlalmo ¿Estás seguro que eso dijo Viperi? Sí, claro que estoy seguro. Pues habrá qué proteger a esos bebés ¿no? Vamos a buscar a Melesmeles, estoy segura que él nos ayudará. ¿Le dices tú o le digo yo? dijo la vecina. Le digamos las dos, cuando lo encontremos.

Melesmeles, un tejón macho muy entregado al trabajo, que se dedicaba constantemente a defender su territorio, escuchó atentamente a Tlalmo: Oye Meles, necesitamos tu ayuda, fíjate que Viperi se comerá a los hijos de doña Moreletti, se los tragará enteros y ya tiene listo todo para llevárselos a la boca. El Tejón, con sus grandes dotes de carnívoro, estiró aún más su cabeza alargada, levantó su pequeña cola ; se limpió con sus patitas cortas, abrió el hocico adaptado a excavar y entrometerse a las colmenas y como todo un personaje importante le respondió: No te preocupes, le daremos un susto a esta señora.

En su nido, Viperi se afanaba en depositar a sus hijos en un lugar seguro. Contrario a lo que los animales decían ella era una buena madre, se preocupó por dar seguridad a sus pequeños antes de su nacimiento aunque sabía que los tenía que abandonar, pero como no quería que corrieran peligro, había escogido el hueco del árbol donde la vio Tlalmototli, su amiga ardilla. Confiada, sacaba la lengua para cerciorarse del estado del tiempo y la ausencia de riesgos. Contaba a sus hijos, que no se estaban quietos, pues ya querían salir a recorrer el mundo, los sujetaba con su cola, se enroscaba y seguía durmiendo.

Afuera merodeaba Melesmeles, planeando qué hacer para distraer a la serpiente. Estaba preocupado porque su vecina Calocitta, la urraca copetona, que hablaba y hablaba ininterrumpidamente, le comentó que todo mundo decía que Viperi era una peligrosa serpiente que intentaba comerse los hijitos de los animales que vivían por ahí, sobre todo a los recién nacidos. Y el tejón acababa de ser padre, temía por sus tejoncitos, que eran amamantados por su madre no tan lejos de ahí. Quiso evitar que les hiciera daño. Esperó que Viperi saliera del hueco en el que vivía. Ayudado por Tlalmototli buscaron inútilmente los huevos de la serpiente, olisquearon, rascaron y nada. ¡No habían huevos ahí! ¿Qué pasa?¿Dónde están los huevos de esta malvada? De pronto cuatro de los bebés de Viperi, que habían nacido esa tarde, aparecieron cerca de ellos. La ardilla, que conocía muy bien lo peligrosos que eran, subió rápidamente a un árbol; pero Melesmeles, acostumbrado a ese oficio, con mucha habilidad arrastró cada ani-mal fuera del nido y se los comió. Un sonido de cascabel anunció que Viperi regresaba a su casa. ¿Y dónde estarán sus huevos? Preguntó susurrante la ardilla. ¡No lo sé! No los veo por ningún lado. Como el cascabeleo se hacía cada vez más fuerte alguien dijo ¡aguas! y salieron apresuradamente sin preocu-parse por las huellas que los delataban.

Aún con su sordera crónica que tenía de nacimiento, Viperi comprendía muy bien el lenguaje de los animales a través de las vibraciones; por eso se dio cuenta del ¡aguas! y del ¡No lo sé! Que habían dicho los animales, así como de su rápida huida. Pudo fácilmente distinguir quiénes eran: Todo el lugar olía a ellos.

Viperi entró. Quería ver a sus hijos pero ni rastro de ellos. ¡Se comieron a mis hijos! Dijo la cascabel, y salió del lugar llamando a sus recién nacidos, para que todos los animales se enteraran de lo que pasaba. Aunque temía al tejón por sus enormes garras y porque ya había devorado a varias de sus her-manas, estaba decidida a castigar a los que se habían comido a sus herederos y sabía muy bien dón-de encontrar a los culpables. Se colocó justo debajo del árbol de Tlalmototli y le dijo con fingida tran-quilidad: Baja Tlalmo, tú y yo tenemos qué hablar. La ardilla temblaba de patitas a cola y meneaba la cabeza nerviosamente. Sabía que Viperi enojada era muy peligrosa. El sonido de su cascabel aumen-taba mientras más furiosa estaba. Ella bajó del árbol con mucho miedo. Una patita para acá, dos para atrás, detenida, dos adelante y así llegó a prudente distancia de la serpiente que le dijo ¿Dónde están mis hijitos?, Se los comió Melesmeles. ¿Verdad? ¡Nnno!, respondió con temor. Pues voy a traer a to-da mi familia para acabar con ese malvado tejón.

¡Melesmeles!!¡Melesmeles! tienes que venir pronto, le dijo la cotorra Paliatti, encrespando su hermoso plumaje verdiamarillo, mis vecinos, los pericos de al lado dicen que Viperi está buscando a sus hijos, asegura que tú se los comiste. ¿yooooo? dijo el animal fingiendo asombro. Si no habían huevos allá. Esta no tiene hijos, si los tuviera ¿dónde dejaría sus cascarones? A mí que ni me culpe. En su nido no hay huevos. Lo podemos aclarar. Pero si no quiere, pues me la comeré.

Pronto llegó donde la ardilla hablaba con Viperi. Ésta se dirigió amenazante al tejón: ¡Te comiste a mis hijos! Le dijo dispuesta a darle una feroz mordida.¿Yooooo?, respondió el tejón mostrándole sus dientes en señal de no me culpes porque vas a salir perdiendo. La que se está comiendo a nuestros hijitos eres tú, y para protegerte de nosotros estás guardando muy bien tus huevos. ¿Dónde los tie-nes?, si no nos muestras los cascarones ahora, vas a pagar por todos los cocodrilitos que te has comido, ¡ladrona de nidos! Viperi quedó viendo a la ardilla que tenía su cara de inocente, vio a todos los animales que desde sus árboles, desde sus nidos, desde sus madrigueras, esperaban una respuesta. Se acercó mucho, mucho mucho a Tlalmototli que intentaba retroceder pero todo estaba lleno de ardillas curiosas y pájaros entrometidos. La mamá serpiente sonó vigorosamente su cascabel y siseó casi en secreto al oído de la ardilla: Cambié el menú amiguita: mi siguiente platillo será ardilla en mi ponzoña. Pero no te preocupes preciosa, acabo de comer. ¡Ah!, y te lo aseguro. Nunca encontrarán el nido con mis huevos. ¡Adiós!

Todos los animales quedaron esperando la respuesta del tejón, el valiente tejón, el más audaz; que por esta vez no fue tras la serpiente. Caminó, caminó hacia su madriguera preguntándose. ¿Y dónde deja los cascarones? ¿Y dónde pone los huevos?

Decidió que no se comería a Viperi hasta saber la verdad.

FIN

 

3 comentarios to “La duda de Melesmeles – Clara del Carmen Guillen”

  1. Me encantó el cuento. Hace falta escritura para niños.

  2. Qué bueno Clari que enviste tu cuento. Lo releí y ahora me gustó más, como sucede por lo general con una segunda lectura. Felicidades y como dice Reyna Haro, hacen falta escritos para niños.

  3. gracias por sus comentarios y a mi linda amiga Paty por ser como es. y por subirlo a este importante espacio. Ojalá lo lean los niños chilenos también.

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