Rosario Castellanos, según Hugo Suárez

por chilemexico

J. Hugo Suárez Domínguez

ROSARIO, MUJER Y MEXICANA DEL SUR

Bochil, Chiapas, México.

 Aún no amanece. La ciudad duerme sus últimos minutos, y yo empiezo mi jornada con un café y una imagen en sepia de Rosario Castellanos. En la imagen, ella está sentada, con los ojos puestos en algo, las manos entrelazadas sobre una rodilla, y una expresión que dice mucho del ser humano que fue. Sin fondo reconocible, la estampa es un mundo inconmensurable para imaginar a la Rosario de nuestra devoción; no para entenderla por lo que se ha dicho, sino para construirla desde la visión de lo que hay más allá de lo tangible. Esto me mueve a acercarme a ella con la cautela y respeto que su trayectoria imponen.

 Es difícil referirse a Rosario Castellanos sin considerar las distintas corrientes de opinión de antemano generadas. Se ha dicho que el tema de la mujer y su situación en un mundo dominado por hombres, es tema recurrente en su obra. También se ha hablado de una Rosario preocupada por su entorno social, sensible a las injusticias y previsora de los conflictos que ocasiona la desigualdad; y no se diga del bien ganado prestigio intelectual del que en su paso por la vida se hizo acreedora. No me cabe la menor duda de que esto y más fue Rosario Castellanos.

A decir de sus estudiosos y seguidores, el mundo de ella estuvo cifrado por el feminismo, reflejado en su poesía y ensayos. Su condición femenina fue la de muchas mujeres, motivo que hace pensar que su vida fue como espejo de las mujeres de su tiempo, inmersas en la dualidad aceptación-resistencia de su condición. Dicho de este modo, cobra sentido la afirmación de que en los años que Rosario se dedicó a crear obra de cuerpo entero, hizo un registro del mundo en el que le tocó vivir. Siendo quien era, no podía sustraerse de pensar y sentir como mujer.

El Diccionario de escritores mexicanos, Tomo I, UNAM, México, 1988, dice de esta autora: “cultivó todos los géneros, especialmente la poesía, la narrativa y el ensayo; colaboró con cuentos, poemas, crítica literaria y artículos de diversa índole en los suplementos culturales de los principales diarios del país y en revistas especializadas de México y del extranjero. En 1972, Rosario Castellanos reunió su obra poética en el volumen intitulado Poesía no eres tú. Desde 1950, año en que publicó su tesis Sobre cultura femenina, la escritora no dejó nunca de incursionar en el ensayo. En vida publicó cinco volúmenes y póstumamente otros dos. De toda su obra, incluyendo su único volumen de teatro, El eterno femenino, se desprende una clara consciencia del problema que significa, para su autora, la doble condición de ser mujer y mexicana.”

 Para entrar en conocimiento de la escritora de carne y hueso, de la mujer, del intelecto y sensibilidad que la caracterizaron; del apego al conocimiento y preocupación por su entorno, esto podría parecer suficiente y concluyente.

 Pero una figura, tan singular como universal, no tiene fin. En cada nuevo lector que atisba por su obra, joven o viejo, principiante o erudito, siempre habrá un nuevo exégeta del mundo que ella cifró para la reflexión de las generaciones, sin considerar tiempo ni espacio. Por eso, cuando leo: “La mujer es la que permanece; rama de sauce que llora en las orillas de los ríos”, pienso que hay Rosario más allá de lo escrito, de lo testimoniado por la razón. Siento, percibo, la condición de ser profundo, no posicionado como ente social, sino prodigado en esencia e intimidad; manifiesto en cada trazo de su puño, que sólo puede “entenderse” según el ánimo con que el lector se acerque.

 Para mí, Rosario debe ser buscada, encontrada, reencontrada y vuelta a encontrar en cada línea de lo que escribió; sin entrar en clasificaciones ni disquisiciones didácticas. Asomarse y detenerse en la profundidad de cada expresión; y vivir, como si fuéramos ella, la intensidad de la creación literaria. Todos los que la admiramos deberíamos iniciar cada mañana el rito de la taza de café y la fotografía en sepia, para ver a Rosario desde nuestras profundas interrogaciones, y descubrirla como si nunca hubiéramos sabido de ella.

 Yo, consecuente con mi sentir, antes de que el bullicio de la ciudad me lo impida, abro al azar un libro y me remonto al día en que se trazó esta Pequeña crónica:

“Hubo, quizá, también otros humores:

el sudor del trabajo, el del placer,

la secreción verdosa de la cólera,

semen, saliva, lágrimas.

 

Nada, en fin, que un buen baño no borre. Y me pregunto

con qué voy a escribir, entonces, nuestra historia.

¿Con tinta? ¡Ay! Si la tinta

viene de tan ajenos manantiales.”

Tomo un trago de café, cierro los ojos y me quedo con algo que podría ser mi construcción aventurada de la mujer y mexicana del sur que fue Rosario:

“Ah, sería preferible morir. Pero yo sé que para mí no hay muerte.

Porque el dolor —¿y qué otra cosa soy más que dolor?— me ha hecho eterna.

 

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3 comentarios to “Rosario Castellanos, según Hugo Suárez”

  1. Buen comentario… me agrado.. sigue asi…

  2. Desde que “conocí” a Rosario, por una revista que me obsequiaron: CANTO SIN FRONTERAS, me ha admirado en mucho su obra y los rasgos de su vida en general. ete artículo sin duda nos sirve para ir conociendo más y en lenguaje simple todo lo concerniente a ella. Diría yo sin temor a equivocarme…una mujer admirable!

  3. Hugo, tal vez has de tomar ese café más seguido para que nos muestres más de Rosario o de lo que quieras pero con esta sapiencia y esta calidez. Sabes?, el otro día en una reunión de escritores pregunté a qué escritores reconocidos ubicaban ellos de México, y varios no conocían a Rosario, vuestra querida Rosario a quien conozco bien por todo lo que Uds. mis amigos chiapanecos siempre me hablan, y me pareció extraño, tal vez por esa forma de hacer mía la cultura chiapaneca, me sentí rara, pensé, cómo no la conocen?, es como si no conocieran a mi Gabriela… tal vez tendemos a adueñarnos de alguna manera amorosa, querible y única a ciertos autores porque nos identificamos con su poética…, no lo sé, pero sí sé que es bueno que nos la muestren, que no se cansen de mostrarnos su obra. Creo que es vuestro deber arbrir la ventana y el nuestro mirar a través de ella. Un abrazo afectuoso desde estas latitudes de quien te admira.

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